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¿Y si dejamos de convertirlo TODO en productividad? Hasta descansar parece que hay que justificarlo

¿Y si dejamos de convertirlo TODO en productividad? Hasta descansar parece que hay que justificarlo

 

📍Redacción Entre Jerez Digital, Moca Provincia Espaillat, RD. — ¿Por qué rayos sentimos que todo lo que hacemos tiene que servir para algo? Ver una película debe dejarnos una enseñanza, hacer ejercicio tiene que mejorar nuestro cuerpo, viajar debe convertirse en contenido y hasta una conversación con un amigo parece tener que generar algún beneficio.

Vivimos en una época donde descansar sin culpa se ha vuelto casi un lujo. Leer tiene que hacernos mejores, cocinar debe convertirse en negocio, bailar puede ser una oportunidad para crear contenido y hasta nuestros hobbies parecen tener que monetizarse. Poco a poco, la vida cotidiana se ha transformado en una especie de proyecto permanente de productividad.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha reflexionado precisamente sobre esta sociedad del rendimiento: ya no hace falta que alguien nos obligue constantemente a producir, porque nosotros mismos nos exigimos, nos comparamos y nos convertimos en nuestros propios jefes. Y cuando no estamos haciendo algo “útil”, aparece la culpa.

📱 Basta con entrar a Instagram para encontrarnos con alguien que aparentemente tiene más: una empresa, un apartamento, un carro, un cuerpo trabajado, una relación perfecta o miles de seguidores. Entonces pensamos: “Estoy atrasado”. Pero la pregunta es: ¿atrasado para llegar a dónde?

El problema aparece cuando nuestro valor empieza a depender exclusivamente de lo que producimos o de cómo nos perciben los demás. Porque siempre habrá alguien ganando más, viajando más, teniendo más seguidores o mostrando una vida aparentemente mejor.

Y quizás ahí debemos recuperar algo que parece sencillo, pero que hemos ido perdiendo: hacer cosas porque sí. Bailar sin grabarnos, jugar sin necesidad de ser buenos, leer una novela que no nos hará ganar dinero, caminar sin convertirlo en una rutina de ejercicio, conversar durante horas o simplemente contemplar.

🎨 El arte, la amistad, el juego, el amor y el descanso no necesitan convertirse en negocios para tener valor. Hay cosas que no “sirven” para producir dinero, seguidores o reconocimiento y, precisamente por eso, pueden servir para algo mucho más importante: sentir que estamos viviendo.

Porque si cada segundo de nuestra existencia tiene que producir algo, quizás la pregunta más incómoda sea: ¿cuándo estamos viviendo de verdad?

Tal vez estamos tan ocupados construyendo una vida que parezca valiosa que olvidamos construir una vida que se sienta viva.

💬 ¿Tú qué piensas? ¿Hemos convertido la vida en una competencia de productividad? Te leo en los comentarios.

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