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Un año después del jet set: dolor, denuncias y una sola pregunta… ¿dónde está la justicia?

Un año después del jet set: dolor, denuncias y una sola pregunta… ¿dónde está la justicia?

 

Este 8 de abril se cumple un año de la tragedia que estremeció a toda la República Dominicana: el colapso del techo de la discoteca Jet Set, un hecho que dejó cientos de víctimas entre fallecidos y heridos, y que aún mantiene a decenas de familias sumidas en el dolor y la incertidumbre.

A doce meses del desastre, la herida sigue abierta. Lo que ocurrió aquella madrugada no solo cobró vidas, sino que destruyó hogares, dejó niños en la orfandad y marcó para siempre a una sociedad que todavía no logra entender cómo se produjo una tragedia de tal magnitud.

Mientras el proceso judicial avanza lentamente, familiares y sobrevivientes continúan exigiendo respuestas claras. A través de vigilias, misas y manifestaciones, han mantenido viva la memoria de sus seres queridos, pero también la presión social para que se establezcan responsabilidades.

Uno de los temas más sensibles es la situación de los niños que quedaron sin sus padres. Muchos han tenido que ser acogidos por familiares, sin que hasta el momento exista un plan estatal concreto que garantice su bienestar a largo plazo, lo que ha generado preocupación entre los afectados.

Un proceso judicial que no convence

Tras el colapso, el Ministerio Público incautó el local e inició una investigación para determinar si el hecho fue producto de negligencia. En junio de 2025, los propietarios fueron arrestados y acusados de homicidio involuntario, sin embargo, el tribunal les impuso medidas de coerción no privativas de libertad, incluyendo fianza millonaria, impedimento de salida y presentación periódica.

Esta decisión provocó indignación entre los familiares de las víctimas, quienes consideran que no se ha actuado con la firmeza que amerita el caso. Hasta la fecha, más de 300 personas se han constituido como querellantes, en un proceso que ha sido marcado por aplazamientos y retrasos.

Además, no solo se han interpuesto acciones legales contra los dueños del establecimiento, sino también contra el Estado dominicano y el Ayuntamiento del Distrito Nacional, por presuntas fallas en la supervisión de la estructura.

Advertencias que pudieron evitar la tragedia

Parte de las investigaciones apunta a que antes del colapso existían señales claras de peligro dentro del local. Empleados habrían advertido sobre grietas, filtraciones de agua y problemas estructurales en el techo.

Incluso, según testimonios, se habría recomendado suspender actividades en el lugar, advertencias que supuestamente no fueron tomadas en cuenta. También se investigan posibles modificaciones estructurales sin supervisión técnica y una sobrecarga en la infraestructura.

Estas revelaciones han fortalecido la percepción de que la tragedia pudo haberse evitado.

Historias que duelen

Más allá de los tribunales, el impacto humano sigue siendo devastador. Historias como la de Nelffisis Sánchez y su pareja, el expelotero Tony Blanco, quienes fallecieron dejando un bebé de apenas meses de nacido, reflejan el nivel de pérdida que dejó el colapso.

También está el caso de sobrevivientes como Cristóbal Moya, quien permaneció atrapado bajo los escombros durante varios minutos y hoy continúa luchando por justicia, convirtiéndose en una de las voces más activas del movimiento de afectados.

Memoria, lucha y exigencia

El Movimiento Justicia Jet Set ha sido clave en mantener viva la lucha. Cada día 8 de mes realizan actividades conmemorativas, y para este aniversario han organizado vigilias, encendido de velas y actos religiosos en honor a las 236 víctimas.

Además, han solicitado que la fecha sea declarada Día de Duelo Nacional y que el lugar del colapso sea convertido en un espacio memorial que honre a quienes perdieron la vida.

Una tragedia sin cierre

A un año del colapso, el caso sigue abierto, sin una sola condena firme. Las preguntas siguen siendo muchas y las respuestas pocas.

Para los familiares, la justicia no es solo una sentencia, sino el reconocimiento de lo ocurrido y la garantía de que algo así no volverá a repetirse.

Porque mientras el tiempo avanza, el dolor no se va… y la justicia, para muchos, aún no llega.


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